Revista Bioreview Edición 39 - Noviembre 2014

MERCK
MANLAB
WIENER LAB

 

La Competitividad por vía de la Calidad

Amatuna D. Organizaciones inteligentes. Odontología Ejercicio Profesional 2002;3(5):
http://www.odontomarketing.com (10.05.2002) http://www.odontomarketing.com/numeros%20anteriores/ART_49_MAYO_2002.htm

Una organización que aprende, está compuesta por individuos que aprenden. Estos individuos tienen pasión por la excelencia. En la búsqueda de esta excelencia, son capaces de combinar responsabilidad, honestidad, curiosidad, integridad y disciplina

Introducción

La necesidad de las llamadas “Organizaciones Inteligentes” que tiene hoy cualquier emprendimiento se debe al imperativo de desarrollar e incentivar en sus integrantes la capacidad de generar por sí mismos nuevas ideas con las cuales enfrentar las nuevas condiciones del mundo actual, que a diario se plantean.

Ante la aparición con cada vez mayor velocidad de desafíos que se presentan a las organizaciones de trabajo es necesario sensibilizar a sus miembros acerca del imperativo de una permanente adaptabilidad y apelar a la creatividad para superarlos.

Obviamente esta predisposición al cambio y al aprendizaje continuo es propia de individuos inteligentes de modo que se puede expresar:

Ver imagen a la derecha.

De manera que puede decirse entonces que la capacidad para la innovación y el aprendizaje continuo es el indicador objetivo que mide y califica a una Organización Inteligente.

Estado mental de las organizaciones

Obviamente tal cambio no es posible si no se dan determinadas condiciones internas en la organización, debido a que existen situaciones que lejos de favorecer un avance positivo, agudizan los problemas y las “secan”. 

De manera que es importante analizar en este sentido dos cuestiones que son de valor: ¿El personal/docente trabaja o solo está ocupado? ¿Qué siente él mismo sobre su trabajo/tarea?

Ver segunda imagen a la derecha.

Estado mental de los individuos

Iguales condiciones desfavorables que en las organizaciones pueden darse en los individuos, obviamente de tipo emocional-mental.

Los seres humanos viven sus vidas con paisajes mentales que le han sido inculcados por la cultura a la que pertenecen.

Estos paisajes convertidos en verdades por dichas culturas son los denominados paradigmas que instalados en la mente pueden dar lugar a razonamientos no lógicos y a respuestas irreflexivas en oposición a razonamiento lógico y respuestas reflexivas. A estos condicionamientos mentales se los denomina pensamiento o nicho mental.

Ejemplos de nichos mentales

• amor propio

• prejuicios, etc.

Estos nichos dan lugar a no apreciar opiniones ajenas. Obviamente nuevas realidades implican nuevos paisajes mentales, por lo que es necesario tener una mente limpia.

Enfoque sistémico de las organizaciones

Evidentemente las organizaciones son sistemas integrados por individuos y actividades o movimientos vitales que dan lugar a impactos internos y externos. 

De manera que, par el adecuado funcionamiento de las mismas, además de los factores antes enumerados, es necesario contemplar la necesidad de tener una “Visión o Percepción Integrada” de los componentes de la organización. A este tipo de percepción se conoce como “Enfoque Sistémico” y no es otra cosa que la visión “panorámica”, y el manejo integrador de la organización.

Ejemplo: el misterioso caso del termostato trabado:

“Por favor Oscar, fíjate qué pasa con la calefacción. En mi oficina está haciendo un calor insoportable. Hacía tres meses que habían instalado ese nuevo equipo inteligente, que regulaba la temperatura en todo el edificio. Y ahora, que apenas comenzaba el invierno, también parecían comenzar los problemas.

¡¿Señor?! ya encontré la falla. Es el termostato de nuestro piso. Parece que se ha trabado en 35 grados y por eso el sistema envía aire caliente hacia acá. La gente del departamento de mantenimiento me dice, que recién podrán arreglarlo mañana. Lo que me faltaba”, pensó Alan, el gerente de nuevos negocios. “Con todo este trabajo sin terminar y para hacerlo más pesado, el termostato que se traba. En fin, es mejor hacer algo que quejarse. Abriré las ventanas y solucionado el tema del calor.

La brisa fría penetró en el piso 25 de la oficina apenas Alan corrió una de las hojas de la ventana. Casi inmediatamente la temperatura bajó, haciendo otra vez agradable el ambiente de la oficina. Quince minutos después, sin embargo, el calor era nuevamente insoportable. El sistema de calefacción, altamente eficiente para mantener la temperatura requerida por el termostato, estaba enviando mayores cantidades de aire caliente a través de las tuberías, y había llevado la temperatura en la oficina otra vez cerca de los 35 grados, sólo que con un gasto de energía, y en consecuencia de dinero, bastante mayor que antes de abrir las ventanas. A diario vivimos infinidad de situaciones de este tipo. En el trabajo, en la familia, en el club, y en cualquier tarea o proceso en el que estemos involucrados, operamos muchas veces con niveles de productividad y eficiencia que quedan muy lejos de lo que hubiéramos deseado.

El mundo es bastante más sutil y complejo que las herramientas conceptuales que utilizamos para observarlo, entenderlo y en consecuencia, intervenir en él. Diseñamos nuestras acciones, y las llevamos a cabo, basados en un sentido común que muchas veces nos engaña. Y cuando los resultados no son los que ese sentido común estaba esperando, quedamos confundidos, incapaces de comprender qué es lo que no ha funcionado.

Al intervenir linealmente sobre las manifestaciones inmediatas (cambiar el aire caliente del interior por aire frío externo), en lugar de intervenir comprendiendo la estructura sistémica del conjunto (las relaciones entre termostato-generador de calor-ordenador de distribución del flujo de aire). Oscar logró un resultado muy pobre: un rápido alivio por poco tiempo, para después volver a encontrase con el mismo problema, sólo qué con un costo superior y ahora sin saber qué hacer. Si Oscar hubiese tenido la oportunidad de estudiar pensamiento sistémico, tal vez podría haber resuelto el caso del termostato trabado de una manera distinta (y más eficiente). Una posible solución habría sido, por ejemplo, prender una vela y colocarla exactamente debajo el termostato. De esta manera, al calentarse, el ordenador de flujo de aire habría interrumpido el envío de aire caliente, disminuyendo la temperatura en la oficina y sin aumentar el régimen de funcionamiento del generador de calor”.

Tres niveles de observación

Desde la perspectiva del pensamiento sistémico, existen tres niveles para observar un fenómeno determinado: eventos, patrones de conducta y estructura.

Los eventos: son aquellas cosas que observamos en forma cotidiana: un trueno o un rayo, un artefacto que se descompone, una llamada telefónica. Al observar el mundo lo primero que vemos son los eventos.

Patrones de conducta: al acumular recuerdos de los eventos que han sido observados a lo largo de un período, al encadenarlos de determinada manera, vamos pasando a este segundo nivel de observación. Que se define como conjuntos de acciones recurrentes que nos permiten idear una primera explicación sobre las razones causantes de los eventos que observamos. 

Siguiendo con este razonamiento, tanto la estadística como la econometría son un particular tipo de explicación del fenómeno que se busca explotar.

La estructura: es el que normalmente permanece oculto para nosotros. La mayoría de nuestros paradigmas de comprensión nos hace permanecer ciegos a la intrincada red de interrelaciones multidireccionales y multidimensionales que constituyen los sistemas en los que operamos.

Vivimos en un mundo evento orientado. Nuestro lenguaje lineal y unidireccional nos inclina a verlo mayoritariamente de esta manera. dado que sólo podemos ver aquello que podemos pensar, para poder observar estructuras sistémicas, debemos ser capaces de pensar en forma sistémica.

Las leyes del pensamiento sistémico

Nuestra vida está edificada sobre sistemas de enorme complejidad. Nuestras acciones impactan sobre nuestros propios resultados y sobre los resultados de quienes nos rodean, lo mismo sucede a la inversa.

Ya que no podemos elegir ser o no agentes  de tamaña complejidad, lo menos que debemos hacer es ponernos en situación de poder elegir  cómo actuar para adquirir cada vez mayores niveles de productividad y armonía.

El pensamiento sistémico nos permite desarrollar herramientas conceptuales que apunten a ese fin. Como todo proceso físico o mental, se rige por leyes, por relaciones de causalidad, que vale la pena conocer.

Vivir en armonía con un mundo complejo

¿Cuáles son las barreras que nos impiden pensar más sistemáticamente? Fred Kofman y Peter Senge proponen que estamos fuertemente influidos por una forma de pensar basada en la fragmentación, la competencia y el actuar reactivo.

Es la fragmentación la que nos hace pensar en términos de partes, divisiones, áreas, testamentos. Los sistemas de nuestras organizaciones descansan fuertemente en este tipo de comprensión.

A partir de la fragmentación de nuestras organizaciones caemos en un pobre entendimiento de la competencia. Esto explica por qué muchas veces, en nuestras empresas, nos encontramos compitiendo denodadamente contra aquellas personas con las que se supone deberíamos cooperar.

Inspirados en la competencia así entendida, actuamos reactivamente, es decir que diseñamos nuestras acciones como una respuesta adecuada a las acciones de los otros. Terminamos haciendo lo que consideramos mejor para responder a las acciones de nuestro medio, en lugar de hacer lo que deseamos en verdad.

El pensamiento sistémico intenta presentar una respuesta alternativa a este estado de cosas. Propone la memoria del todo, allí donde reina la fragmentación, la cooperación en libertad allí donde impera la competencia y el actuar generativo en lugar de accionar reactivamente.

Cada vez más nuestras organizaciones necesitan de personas libres para decidir qué caminos tomar, y responsables para responder por sus elecciones. 

Una organización que aprende, está compuesta por individuos que aprenden. Estos individuos tienen pasión por la excelencia. En la búsqueda de esta excelencia, son capaces de combinar responsabilidad, honestidad, curiosidad, integridad y disciplina

Introducción

La necesidad de las llamadas “Organizaciones Inteligentes” que tiene hoy cualquier emprendimiento se debe al imperativo de desarrollar e incentivar en sus integrantes la capacidad de generar por sí mismos nuevas ideas con las cuales enfrentar las nuevas condiciones del mundo actual, que a diario se plantean.

Ante la aparición con cada vez mayor velocidad de desafíos que se presentan a las organizaciones de trabajo es necesario sensibilizar a sus miembros acerca del imperativo de una permanente adaptabilidad y apelar a la creatividad para superarlos.

Obviamente esta predisposición al cambio y al aprendizaje continuo es propia de individuos inteligentes de modo que se puede expresar:

Ver imagen a la derecha.

De manera que puede decirse entonces que la capacidad para la innovación y el aprendizaje continuo es el indicador objetivo que mide y califica a una Organización Inteligente.

Estado mental de las organizaciones

Obviamente tal cambio no es posible si no se dan determinadas condiciones internas en la organización, debido a que existen situaciones que lejos de favorecer un avance positivo, agudizan los problemas y las “secan”. 

De manera que es importante analizar en este sentido dos cuestiones que son de valor: ¿El personal/docente trabaja o solo está ocupado? ¿Qué siente él mismo sobre su trabajo/tarea?

Ver segunda imagen a la derecha.

Estado mental de los individuos

Iguales condiciones desfavorables que en las organizaciones pueden darse en los individuos, obviamente de tipo emocional-mental.

Los seres humanos viven sus vidas con paisajes mentales que le han sido inculcados por la cultura a la que pertenecen.

Estos paisajes convertidos en verdades por dichas culturas son los denominados paradigmas que instalados en la mente pueden dar lugar a razonamientos no lógicos y a respuestas irreflexivas en oposición a razonamiento lógico y respuestas reflexivas. A estos condicionamientos mentales se los denomina pensamiento o nicho mental.

Ejemplos de nichos mentales

• amor propio

• prejuicios, etc.

Estos nichos dan lugar a no apreciar opiniones ajenas. Obviamente nuevas realidades implican nuevos paisajes mentales, por lo que es necesario tener una mente limpia.

Enfoque sistémico de las organizaciones

Evidentemente las organizaciones son sistemas integrados por individuos y actividades o movimientos vitales que dan lugar a impactos internos y externos. 

De manera que, par el adecuado funcionamiento de las mismas, además de los factores antes enumerados, es necesario contemplar la necesidad de tener una “Visión o Percepción Integrada” de los componentes de la organización. A este tipo de percepción se conoce como “Enfoque Sistémico” y no es otra cosa que la visión “panorámica”, y el manejo integrador de la organización.

Ejemplo: el misterioso caso del termostato trabado:

“Por favor Oscar, fíjate qué pasa con la calefacción. En mi oficina está haciendo un calor insoportable. Hacía tres meses que habían instalado ese nuevo equipo inteligente, que regulaba la temperatura en todo el edificio. Y ahora, que apenas comenzaba el invierno, también parecían comenzar los problemas.

¡¿Señor?! ya encontré la falla. Es el termostato de nuestro piso. Parece que se ha trabado en 35 grados y por eso el sistema envía aire caliente hacia acá. La gente del departamento de mantenimiento me dice, que recién podrán arreglarlo mañana. Lo que me faltaba”, pensó Alan, el gerente de nuevos negocios. “Con todo este trabajo sin terminar y para hacerlo más pesado, el termostato que se traba. En fin, es mejor hacer algo que quejarse. Abriré las ventanas y solucionado el tema del calor.

La brisa fría penetró en el piso 25 de la oficina apenas Alan corrió una de las hojas de la ventana. Casi inmediatamente la temperatura bajó, haciendo otra vez agradable el ambiente de la oficina. Quince minutos después, sin embargo, el calor era nuevamente insoportable. El sistema de calefacción, altamente eficiente para mantener la temperatura requerida por el termostato, estaba enviando mayores cantidades de aire caliente a través de las tuberías, y había llevado la temperatura en la oficina otra vez cerca de los 35 grados, sólo que con un gasto de energía, y en consecuencia de dinero, bastante mayor que antes de abrir las ventanas. A diario vivimos infinidad de situaciones de este tipo. En el trabajo, en la familia, en el club, y en cualquier tarea o proceso en el que estemos involucrados, operamos muchas veces con niveles de productividad y eficiencia que quedan muy lejos de lo que hubiéramos deseado.

El mundo es bastante más sutil y complejo que las herramientas conceptuales que utilizamos para observarlo, entenderlo y en consecuencia, intervenir en él. Diseñamos nuestras acciones, y las llevamos a cabo, basados en un sentido común que muchas veces nos engaña. Y cuando los resultados no son los que ese sentido común estaba esperando, quedamos confundidos, incapaces de comprender qué es lo que no ha funcionado.

Al intervenir linealmente sobre las manifestaciones inmediatas (cambiar el aire caliente del interior por aire frío externo), en lugar de intervenir comprendiendo la estructura sistémica del conjunto (las relaciones entre termostato-generador de calor-ordenador de distribución del flujo de aire). Oscar logró un resultado muy pobre: un rápido alivio por poco tiempo, para después volver a encontrase con el mismo problema, sólo qué con un costo superior y ahora sin saber qué hacer. Si Oscar hubiese tenido la oportunidad de estudiar pensamiento sistémico, tal vez podría haber resuelto el caso del termostato trabado de una manera distinta (y más eficiente). Una posible solución habría sido, por ejemplo, prender una vela y colocarla exactamente debajo el termostato. De esta manera, al calentarse, el ordenador de flujo de aire habría interrumpido el envío de aire caliente, disminuyendo la temperatura en la oficina y sin aumentar el régimen de funcionamiento del generador de calor”.

Tres niveles de observación

Desde la perspectiva del pensamiento sistémico, existen tres niveles para observar un fenómeno determinado: eventos, patrones de conducta y estructura.

Los eventos: son aquellas cosas que observamos en forma cotidiana: un trueno o un rayo, un artefacto que se descompone, una llamada telefónica. Al observar el mundo lo primero que vemos son los eventos.

Patrones de conducta: al acumular recuerdos de los eventos que han sido observados a lo largo de un período, al encadenarlos de determinada manera, vamos pasando a este segundo nivel de observación. Que se define como conjuntos de acciones recurrentes que nos permiten idear una primera explicación sobre las razones causantes de los eventos que observamos. 

Siguiendo con este razonamiento, tanto la estadística como la econometría son un particular tipo de explicación del fenómeno que se busca explotar.

La estructura: es el que normalmente permanece oculto para nosotros. La mayoría de nuestros paradigmas de comprensión nos hace permanecer ciegos a la intrincada red de interrelaciones multidireccionales y multidimensionales que constituyen los sistemas en los que operamos.

Vivimos en un mundo evento orientado. Nuestro lenguaje lineal y unidireccional nos inclina a verlo mayoritariamente de esta manera. dado que sólo podemos ver aquello que podemos pensar, para poder observar estructuras sistémicas, debemos ser capaces de pensar en forma sistémica.

Las leyes del pensamiento sistémico

Nuestra vida está edificada sobre sistemas de enorme complejidad. Nuestras acciones impactan sobre nuestros propios resultados y sobre los resultados de quienes nos rodean, lo mismo sucede a la inversa.

Ya que no podemos elegir ser o no agentes  de tamaña complejidad, lo menos que debemos hacer es ponernos en situación de poder elegir  cómo actuar para adquirir cada vez mayores niveles de productividad y armonía.

El pensamiento sistémico nos permite desarrollar herramientas conceptuales que apunten a ese fin. Como todo proceso físico o mental, se rige por leyes, por relaciones de causalidad, que vale la pena conocer.

Vivir en armonía con un mundo complejo

¿Cuáles son las barreras que nos impiden pensar más sistemáticamente? Fred Kofman y Peter Senge proponen que estamos fuertemente influidos por una forma de pensar basada en la fragmentación, la competencia y el actuar reactivo.

Es la fragmentación la que nos hace pensar en términos de partes, divisiones, áreas, testamentos. Los sistemas de nuestras organizaciones descansan fuertemente en este tipo de comprensión.

A partir de la fragmentación de nuestras organizaciones caemos en un pobre entendimiento de la competencia. Esto explica por qué muchas veces, en nuestras empresas, nos encontramos compitiendo denodadamente contra aquellas personas con las que se supone deberíamos cooperar.

Inspirados en la competencia así entendida, actuamos reactivamente, es decir que diseñamos nuestras acciones como una respuesta adecuada a las acciones de los otros. Terminamos haciendo lo que consideramos mejor para responder a las acciones de nuestro medio, en lugar de hacer lo que deseamos en verdad.

El pensamiento sistémico intenta presentar una respuesta alternativa a este estado de cosas. Propone la memoria del todo, allí donde reina la fragmentación, la cooperación en libertad allí donde impera la competencia y el actuar generativo en lugar de accionar reactivamente.

Cada vez más nuestras organizaciones necesitan de personas libres para decidir qué caminos tomar, y responsables para responder por sus elecciones. 

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